Doña Basura está hospitalizada

La indolencia tomó por asalto la sociedad cubana de hoy. Cualquiera, sin el menor remordimiento, tira un papel en la calle o apoya los pies en la fachada de un edificio; no obstante, la dejadez y la desidia ocasionan un daño severo cuando este tipo de actitudes ocurren en el marco de una institución hospitalaria. «Tiran en las tasas de los baños los culeros desechables de los niños y las toallas sanitarias de las mamás, botan los restos de comida por los lavamanos y echan la basura en cualquier lugar», declaró a Vanguardia el Dr. Oscar Armando Fernández Alegret, director del Hospital Pediátrico José Luis Miranda. Pero la situación llega al límite cuando las consultas del centro comienzan a filtrase como en días anteriores, por las constantes tupiciones en las redes hidrosanitarias. «Todos los días pasamos por las salas dando charlas educativas para que los acompañantes comprendan el apoyo que le deben dar a la institución, continúa el Dr. Alegret, pero la gente no retribuye los cuidados que reciben los niños ¿están conscientes entonces de los beneficios de un sistema de salud gratuito?» Tal situación se repite en la mayoría de los centros asistenciales de la provincia, cuando pacientes y acompañantes dan mal uso a los bienes de un hospital. Para Maité Rodríguez Villavicencio, epidemióloga del Materno Mariana Grajales, las indisciplinas resultan un fenómeno diario: desde hace más de año tratamos de mejorar las condiciones estructurales pero aun así fuman, ponen los pies en las paredes y, mágicamente, desaparecen las llaves y los tomacorrientes a solo pocas semanas de reinaugurados los servicios. Por tal motivo el Dr. Ángel Gálvez, especialista en segundo grado en obstetricia, mantiene un cuidado extremo no solo con sus pacientes, también con la ropa de cama, las batas y los pañales de los recién nacidos. Permanece al frente del equipo médico de la sala de cesáreas, una de las recién remodeladas, pero tampoco logra concientizar a las féminas que mantiene bajo sus cuidados. «La disciplina no es buena, pero no puedo decir que son los pacientes los que roban los herrajes de los baños, pues aquí entran muchos trabajadores y también personal de la calle en el horario de visita.»

GORDITOS, GORDITOS

Más de un millón de pesos en Moneda Nacional se invirtieron en el 2011 en la restauración del Materno, pero la cifra resulta insuficiente ante el irrespeto por la propiedad de todos. A tal ritmo ni el mejor banco de Suiza financiaría tales faltas de educación. «En la casa somos celosos con la limpieza del baño, pero aquí no pasa ni parecido, adelanta la neonatóloga Reina González Velázquez, las pacientes se bañan y ni los acompañantes quitan las innumerables secuelas que dejan, aunque reconozco que cada día tenemos que exigirles más a las auxiliares de limpieza.» Con la otra cara de la moneda aparece Ada Morales Abreu, una señora que vela por la limpieza del Infantil desde 1997: cuando limpio una parte del pasillo, para que la gente pase por la otra, nadie lo respeta, tiran las latas de refresco donde quiera y llueven los paquetes de galleticas dulces, me aclara esta mujer de mirada sonriente que trabajó en casi todas las salas del Hospital. «Una vez tuve un problema serio con una madre que después de que yo limpié el baño puso a su niña a hacer caca en el suelo, ante mi protesta me contestó ofendida que a mí me pagaban por baldear el piso, pero también por cuidarlo, le respondí.» El sentido de responsabilidad de Ada le permite amar su profesión y sentirse satisfecha, de forma similar piensa Yanelis García del Sol, mamá de un bebé de cinco días, que reconoce que la higiene es la adecuada, aunque la mayoría de las pacientes no colaboran: la sala se mantiene limpia, pero los baños sucios porque nosotras botamos los desechos en cualquier lugar. Para Clara Arteaga, su acompañante, si las asistentes de limpieza hicieran mejor su trabajo las condiciones serían otras; no obstante, resulta increíble que se orine en el piso si existe una taza sanitaria en buenas condiciones o se tiren los papeles sucios en los alrededores de un cesto de basura. De algo extraordinario también alerta la voz popular, y es que algunos gatos callejeros viven de la comida que cae de las ventanas hacia el césped del Hospital Arnaldo Milián Castro. Así lo confirma Efraín González Amador luego de un ingreso de 21 días: la gente echa comida donde quiera y los animales de abajo están gorditos, gorditos. De igual forma crecen los microvertederos en las azoteas del Materno o en los aleros del Infantil: las personas, muy preocupadas, acuden a la dirección para informar la presencia de moscas, ratones y cucarachas, pero no se dan cuenta que ellos mismos propician tal situación, agregó Maité Rodríguez, epidemióloga. «La basura que vuela por las ventanas atrae a todo tipo de animales indeseables y si la gente no coopera, no damos abasto ni con una brigada.» ¿Quién sabe si las charlas y los intentos de sensibilizar cerebros apáticos darán resultado algún día?, tal vez el mejor camino esté en una fuerte exigencia por parte de los centros asistenciales y en multas a los infractores, pero algo tenemos que hacer, porque la conciencia no responde.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s