Alerta: grave situación constructiva del Cine Camilo Cienfuegos

Es de mañana en el Coppelia de la Habana, catedral cubana del helado. Diego pide permiso y se sienta en la silla de frente a David, cargado con bolsas, carteras y paraguas. «Hoy es mi día de suerte, encuentro maravillas», dijo con un gritico al descubrir una fresa casi intacta en el helado. David lo miró con ojo crítico, pues no había que ser muy sagaz para ver de qué pata cojeaba.

La escena anterior pertenece a la película Fresa y Chocolate, un recuerdo agradable de cuando ir al cine era una de las mejores opciones recreativas de los villaclareños, pues en la actualidad, entre tanta discoteca y telebasura, asistimos a la muerte, o peor aún, al abandono del que se ha dado en llamar el séptimo arte.

El cine es un entretenimiento colectivo, tal como asistir al estadio o desfilar en los carnavales. Su encanto, basado en el silencio y la oscuridad, es más atrayente que el espectáculo solitario que puede brindarnos el televisor. Sin embargo, la magia del cinematógrafo se ha convertido en un recuerdo de otras épocas o en un hobby para gente pasada de moda. Al menos eso es lo que muestran las cifras de asistentes a las salas de proyección.

La última vez que se llenó, al menos, la planta baja del cine Camilo Cienfuegos, coincidió con la exhibición de José Martí, el ojo del canario. Desde entonces el agua ha corrido bastante. El pasado lunes 26 se estrenó Boleto al paraíso, un filme de Gerardo Chijona que resultó nominado a los premios Goya, sólo asistieron 13 personas.

 USAR GAFAS EN EL CINE

Todavía las más recientes producciones del cine cubano, Fábula y Verde-verde, no han salido de la capital, pero ya mucha gente comenta sus argumentos picantes, vinculados a la prostitución y el sexo entre hombres. Desde hace varios meses recorren el país de memoria flash en memoria flash. ¿De dónde salen? ¿Quién las esparce? Serán polémicas sin respuestas, pero el hecho es que la piratería le roba los estrenos al cine.

¿Resultado? La población pierde el interés por acudir a estas salas en busca de las más recientes novedades. Además, Caso cerrado, El barco, Espartaco, 24 horas… se venden semanalmente en los llamados «paquetes». Cada capítulo resulta una sucesión de eventos con un misterio por resolver. De esta manera los consumidores quedan atados a productos lineales y con una gran presencia visual donde casi siempre se vende un happy end.

Las series cambian los hábitos de consumo. Su ritmo acelerado hace casi imposible que el mismo receptor disfrute de una buena película, la cual generalmente no termina como los libros de cuentos.

En otros lugares del mundo sucede lo mismo, pero los cines han utilizado la tecnología 3D para atraer al público. La proyección de películas que, gracias a un par de espejuelos oscuros,  se perciben con sensación de profundidad, hace que usar gafas en el cine se convierta en la última moda. Pero, seamos objetivos, nuestro país está a años luz de conocer una novedad similar.

EL ÚLTIMO (NO) RÍE MEJOR

El principal problema radica, sin dudas, en las salas de proyección. Aunque al público cubano le guste la obra nacional, no existen buenas condiciones para ir a verla. Citemos un ejemplo cercano: el cine Camilo Cienfuegos trabaja desde hace dos o tres meses con un DVD y un televisor. Si tomamos en cuenta que la sala tiene unos 60 metros, podemos suponer que, en este caso, el último (en la fila) no es precisamente el que ríe mejor.

Además, los aires acondicionados colapsaron y no existen las condiciones mínimas de ventilación. Las filtraciones erosionaron casi completamente las estructuras metálicas. Mientras tanto, la humedad destruyó el falso techo, las butacas y el alfombrado de una institución que se inauguró hace menos de dos años con bombos y platillos.

Si a todo esto le sumamos que a la provincia no llegan todos los estrenos que se anuncian en la cartelera nacional y que la mayoría de las bombillas del anuncio lumínico se rompieron durante las reparaciones del Hotel Santa Clara libre, la copa rebosa hasta convertirse en un cubo de calamidades.

En todo este rosario de dificultades la programación es la única que merece reconocimiento pues, según la crítico arte de Ileana Rodríguez Martínez, cuenta con la calidad requerida y trae ejemplos del cine de autor, un buen antídoto contra las manías del mercado.

La realidad es que los 37 cines de la provincia han perdido protagonismo. Y para resolver este problema tal vez haya que darle a la gente lo que le gusta, tratar de establecer ciclos de proyección más cortos y promover los espacios de crítica para rescatar la educación cultural que existió en otros tiempos.

Ahora, de inmediato, deberíamos resolver los problemas constructivos que aquejan al Camilo, antes de que sea tarde y haya que invertir otra millonada en su reparación. Después quedará la tarea de volver a enamorar a la gente para que vaya al cine. Será como una magia nueva, como una máquina del tiempo que nos vuelva a esos años en que los jóvenes hicieron cola para ver el estreno de Fresa y Chocolate.

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